¿Y si no está mal… solo lo está viendo diferente?
Por qué no debemos corregir el dibujo de un niño
¡Su dibujo no necesita parecerse a la realidad, necesita parecerse a su mundo!
Para él, ese dibujo tiene sentido
Un árbol puede ser azul. Una casa puede estar en el cielo. Una persona puede tener tres ojos.
Antes de decirle: “Así no es…” Pregúntale: “Cuéntame sobre tu dibujo”.
Ahí comienza la verdadera expresión artística.
Cuando corregimos, ¿qué puede pasar?
Sin darnos cuenta, podemos hacer que piense:
“Lo estoy haciendo mal”. “Yo no sé dibujar”. “Mi idea no es suficientemente buena”.
Y poco a poco puede dejar de experimentar por miedo a equivocarse.
La creatividad necesita libertad para crecer.
Mejor que corregir, acompaña
En lugar de enseñarle cómo hacerlo, dale espacio para descubrir cómo quiere hacerlo.
Pregúntale: “¿Qué imaginaste?” “¿Qué está pasando aquí?” “¿Por qué elegiste ese color?”
No le enseñes a dibujar como tú. Ayúdalo a encontrar su propia manera de hacerlo.
No limitemos su imaginación
Cada dibujo es una oportunidad para crear, explorar, comunicar y expresar lo que todavía no siempre puede decir con palabras.
Cuando respetamos su manera de crear, también le enseñamos a confiar en sus ideas.
